Nosotros

Hace más de cincuenta años las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción, para celebrar el centenario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, llegaron a tierras venezolanas desde la Madre Patria y entraron a estas tierras de gracia por la puerta de La Victoria. Aquí fundaron en aquel 1954 el Colegio que es el decano de las instituciones educativas privadas del eje este del Estado Aragua.

Aquel Colegio nació para dar acceso a la educación y a los valores del evangelio a una cantidad hoy día inconmensurable de victorianos que en este medio siglo han pasado por sus aulas. Y aquella Institución que empezó en la Quinta Campo Elías fue creciendo paulatinamente y pronto hubo que construir el Edificio Este donde actualmente funciona la Educación Primaria. Más adelante siguió creciendo y se construyó el Ala Sur donde funciona hoy el pre-escolar y los últimos grados de Educación Primaria.

Y la Inmaculada no crecía solamente físicamente y en cantidad; crecía, sobre todo, en calidad y prestigio: Empezaron a egresar promociones de Bachilleres Docentes, Normalistas, esas maestras que invadieron las escuelas del Estado Aragua y más allá de él, contribuyendo con su instrucción y educación en los valores siempre actuales del hombre que encuentra su expansión máxima en el Evangelio de Jesús de Nazaret.

37 años más tarde, en 1991, las hermanas, atendiendo al llamado del Concilio Vaticano II, que pedía a las comunidades de religiosas una identificación y una dedicación mayor con y para las clases más necesitadas, decidieron destinar los mermados recursos humanos a tal misión

Era una decisión difícil de ejecutar por las profundas raíces que se habían incrustado en la comunidad victoriana que no iba a aceptar fácilmente que unas religiosas que la habían acompañado durante 37 años, de pronto la abandonaran. Por ello, fue preocupación de la Congregación de las Hermanas, elegir, entre muchos candidatos, a quienes iban a entregar la planta física y la razón social educativa de su obra victoriana. Buscaban a una persona o grupo de personas que garantizasen que aquella sólida formación humano-cristiana que se había arraigado en el corazón de La Victoria, continuara.

Así apareció un grupo de exalumnos salesianos, educadores formados en la escuela del santo de los jóvenes, Don Bosco, y en su sistema preventivo: Amabilidad, Razón y Religión. El Colegio de La Victoria quedaba en buenas manos: Todos estos años así lo han demostrado.

El colegio se abrió a la comunidad de tal manera que dos años más tarde, 1993, se había duplicado el número de alumnos. Cada vez más el Colegio era representativo de la comunidad porque más y más familias entraron a formar parte de él. Pronto hubo que ampliar el espacio físico y así se crearon los anexos del pre-escolar, orgullo de instalación a nivel de Estado para la Educación Inicial, los anexos del Ala Este con su salón de Computación, Biblioteca, Audiovisual y Gimnasio. Por último se generó al Ala Nueva, única en muchos kilómetros a la redonda, para dar desahogo y espacio educativo cómodo a todos los estudiantes.

Fueron años difíciles, de muchas incomprensiones y no menos luchas y desencuentros en las diferencias ideológicas, pedagógicas y didácticas.

Pero con la ayuda de Dios, el Colegio se consolidó y llenó a las Universidades de Bachilleres capaces, buenos cristianos y honrados ciudadanos, que se han ido convirtiendo en profesionales: médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, comunicadores sociales, educadores, técnicos superiores, etc., etc. Pero, sobre todo, la Comunidad Victoriana ha sido dotada de ciudadanos útiles y responsables que pretenden crear un país mejor, más justo, más equitativo, más cónsono con la historia y con los valores que le dieron origen.

Y aquí sigue el Colegio Inmaculada Concepción:

Y aquí sigue el Colegio Inmaculada Concepción abierto a la comunidad Victoriana como Escuela, Hogar, Parroquia y Patio y en el que se siguen formando “buenos cristianos y honrados ciudadanos”.